Real Renta de Correos
 
 

Bajo esta institución se reorganizó el servicio postal en América. La Corona Española nombró como responsable a José Antonio de Pando y Riba, antiguo Administrador de los Correos de Veracruz y de Lima. Con su nuevo encargo fue enviado a inspeccionar la ruta Cartagena- Santa Fé – Quito – Lima, itinerario conocido como “Carrera de los Valles”; en 1768 llegó a Lima, en 1772 presentó una relación detallada de su gira de reconocimiento, sobre la base de la cual estableció itinerarios, fundó direcciones, nombró administradores, introdujo nuevas tarifas, en general preparó todo lo necesario para brindar un eficaz servicio.

Pando decidió subordinar la Audiencia de Quito al Virreinato del Perú en materia de correos, en razón del tiempo que tomaba el viaje desde Santa Fe hasta Quito con un total de 231 leguas, similar al Quito - Lima con un total de 403 leguas; esto debido a lo accidentado del terreno, en la primera ruta y a la permanente posibilidad de ataques de los indios o de asaltantes de caminos, situación que obligó a emplear “correos de a pie” en la ruta entre Santa Fe y Quito, mientras que desde Quito los “correos de a caballo” llevaban la encomienda hacia el sur sin mayor problema. Es también la razón por la cual el Administrador Principal de Correos de Quito, respondía al Director General de Lima, a diferencia de los días del Correo Mayor, cuando las autoridades de correo de Quito se reportaban a los Oficiales Reales de Hacienda de Santa Fe. El resto del Virreinato de Nueva Granada, permanecía bajo la jurisdicción del Administrador General de Correos de la Habana - Cuba. 

Durante la Real Renta de Correos el sistema fue organizado, lo que explica su eficiente operación; bajo la autoridad del Rey se hallaba su representante quien llevó el título de Superintendente General de Correos, este cargo fue ocupado inicialmente (1777-91) por José Moñino Conde de Florida Blanca, a su autoridad y como subordinado estaba el Administrador General de Correos responsable de la supervisión de una región.

Subordinados al Administrador General son los Administradores Principales de Correos, los de importancia se encontraban en las capitales de cada Audiencia; luego los Tenientes de Estafeta tenían a cargo el correo en las oficinas instaladas en pueblos de segundo orden, a continuación, ha de mencionarse al “posta” (persona contratada para entregar el correo de un lugar a otro); le sigue el chasqui o postillón, quien es a su vez empleado por el “posta” para trasladar la misiva, finalmente el “alcalde del tambo” mantenía y cuidaba las estaciones de descanso de la ruta.

Condicionado a este arreglo, el Administrador Principal de Correos de la Audiencia de Quito era nombrado por el Rey, pero respondía directamente al Director General de Correos en Lima o al Presidente de la Audiencia o a ambos. El Administrador Principal de Correos de Quito nombraba a los Administradores y a otros Oficiales de Correo de menor importancia en la Audiencia. Parte de su responsabilidad consistía en vigilar que el sistema funcionara debidamente y que la Corona no sufriera pérdidas.

El correo debía pasar de una oficina a otra, obligadamente era abierto para verificar si se lo había sellado y cancelado; los portadores de las misivas no podían ser detenidos por las autoridades, a menos que existiese una acusación en su contra por cargos criminales, en esos casos se debía nombrar a un suplente, para no detener la entrega. El empleado que no entregara su valija inmediatamente a su llegada se le imponía una multa de 100 pesos. La ley imponía una demanda criminal contra cualquier correo o individuo que asumiera el transporte de la encomienda sin la debida autorización.

En 1769 Carlos III nombra como Administrador Postal para la Real Audiencia con sede en Quito a Antonio Romero de Tejada, quien permaneció en el cargo hasta finales de 1794, cuando se le encomendó la inspección de la ruta del CORREO hasta Buenos Aires a efectos de ver sus particularidades y elevar el consecuente memorial al Rey.

Es probable que desde julio de 1769 se iniciara la utilización de MARCAS colocadas sobre las misivas, las que permitían identificar el nombre de la población de su origen; a partir de esa fecha también se estructuró el PORTE DE CORREOS consistente en la modalidad de cobro por los envíos y recibos:
1. Exigir el valor del transporte por anticipado al remitente: “FRANCA”
2.- Enviar la pieza postal con flete al cobro para que lo pagase el destinatario
     “DEBE”.
La Real Renta mantuvo su accionar, una vez fenecida la estructura del Correo Mayor hasta 1822, cuando Fernando VII pierde casi todas sus posesiones americanas.