Nicolás Javier Goríbar
 
 

Nicolás Javier Goríbar, nació en Quito, alrededor de 1665; fue hijo de José Valentín Goríbar y Ruiz y doña Agustina Martínez Díaz, fue el seguNdo de cuatro hijos, siendo sus hermanos don Miguel Goríbar, Bachiller cura coadjutor de Guápulo, doña Angela Javier y don Andrés Javier. Su padre murió en 1685 y quedó bajo tutela de su madre, por lo tanto era menor de edad. Se casó muy joven con doña María Guerra y el 10 de Octubre de 1688 se verificó el bautizo del primer hijo de la joven pareja, le pusieron por nombre Franciso Javier y fue su padrino su tío el Bachiller Miguel de Goríbar.
 
Fue discípulo y pariente de Miguel de Santiago y al respecto Navarro dice:
"Miguel de Santiago, el pintor más esclarecido de toda América; su yerno Goríbar, su hija Isabel de Santiago y el marido de ella, D. Antonio Egas Venegas de Córdova" (Navarro: 1929: 7)
 
La historia se teje con la leyenda y la tradición; así se cuenta que siendo alumno de Miguel de Santiago, en cierta ocasión, habiéndose quedado sólo y a cargo del taller, aconteció que entró un cerdo y dañó en buena parte un cuadro que el maestro tenía a medio hacer; asustado Goríbar y temiendo las consecuencias decidió arreglar personalmente el terrible daño y por su gran habilidad dejó el cuadro perfecto, como si no hubiese ocurrido cosa alguna. Cuando llegó Miguel de Santiago, tomó el cuadro, lo puso en el caballete y continuó pintando sin notar mano ajena en el trabajo y cuando lo terminó satisfactoriamente, el joven alumno, lleno de alegría, relató lo sucedido provocando la airada reacción del maestro que sintiéndose engañado lo echó inmediatamente de su casa; el joven Nicolás Javier vagó algunos días por las calles hasta que fue recogido por los jesuitas (Navarro: 1991: 100-101). Estos, lo emplearon de mayordomo en una propiedad del valle de Los Chillos, en la hacienda Yurac-Compañía, situada en la parroquia de Pintag en cuya iglesia existían cuadros de la Virgen y del Purgatorio,  (Vargas: 1972: 144).

Los jesuitas deben haberse percatado de la gran maestría de su trabajador y siendo "dócil, bueno, inteligente, laborioso y sobre todo,  grato con ellos que le habían salvado del hambre y la miseria" (Navarro: 1991: 101), lo trajeron a Quito donde pudo desarrollar mejor su pericia pictórica.

Alrededor de 1716, se lo encuentra trabajando en la iglesia de los jesuitas en la pintura que consituye el mejor y más extraordinario trabajo del artista: la Serie de los Profetas de la Iglesia de La Compañía de Jesús, los cuales desde el s. XIX fueron atribuídos reiteradamente a Goríbar, sin embargo, en 1950, se presentó otra tesis, que atribuía al Hermano Hernando de la Cruz este grupo de diez y seis lienzos de los Profetas Mayores y Menores, la opinión de la Sra. Teresa López de Vallarino, se basó fundamentalmente a que las diferentes crónicas jesuitas mencionan que "todos" los cuadros de La Compañía fueron pintados por el ilustre panameño. Si bien existieron voces calificadas que respaldaron tal aseveración, nos parece más certera la atribución, liderada tanto por el gran historiador José Gabriel Navarro como por el P. José María Vargas, gran conocedor, investigador y catedrático de Historia del Arte Ecuatoriano, quienes ratifican la atribución tradicional al pintor Nicolás Javier Goríbar, basados en consideraciones técnico-estilísticas y sobre todo por la cronología de la Biblia de Pezzana, que sirvió de modelo para los Profetas y que vió a luz en Italia en 1710, sesenta y cuatro años después de la muerte del Hermano Hernando.

"Goríbar es un gran pintor, un verdadero valor absoluto que  en los Profetas de la Compañía dejó buena muestra de su talento y de su ingenio. Goríbar se manifiesta en los Profetas un gran artista de gran sentido decorativo, conocedor profundo de la forma y dominador de su arte. Su dibujo es firme, su línea elegante, el claroscuro perfectamente resuelto por las bien entendidas relaciones de la luz y el color y la distribución bien complementada de colores en la composición del ropaje, manifestándose en todo como artista de rara distinción ... Como compositor, Goríbar realiza en los Profestas una gran labor. Ha llegado dentro de una unidad necesaria a todo conjunto decorativo, a crear diez y seis tipos fuera de todo convencionalismo iconográfico y algunos de ellos bellísimos ...  Y todo ello con gracia, finura y elegancia de formas y arte fuerte y  profundo" (Navarro: 1991: 104)

Los diez y seis cuadros están colocados  sobre los lados anterior y posterior de las cuatro columnas soportantes de la nave central, bajo los arcos. La ubicación responde no sólo a una motivo estético o de información bíblica, sino que encierran un profundo sentido doctrinal, puesto que los Profetas son las "columnas" o fundamento del Antiguo Testamento y por lo tanto de la nación judía, al igual que los Apóstoles, son los pilares del Nuevo Testamento, donde se asienta y a través de quienes se difunde el mensaje de salvación del pueblo cristiano.

Existen pocas obras de su autoría certera, uno es un gran lienzo-retablo de la Iglesia de Guápulo en honor a la Virgen del Pilar, que lleva al pie la inscripción "Fecit Gorivar felicitater vivat" , el mismo que debió ser pintado entre 1715 y 1718 en que el Capitán Diego Dávalos y Mendoza, mayordomo del Santuario, contrató varios trabajos de ornamentación, al pintor Gualoto para la pintura del interior del templo, al escultor Menacho para el púlpito y el retablo y seguramente a Goríbar para el lienzo-retablo de la Virgen del Pilar.

En 1718, Goríbar  consignó su nombre en la interpretación de un grabado que concibió el Padre Juan de Narváez y lo esculpió el Padre Miguel de la Cruz; representa la Provincia Jesuítica de Quito, manifestada por un mapa en el que se sitúan sus colegios y misiones; mediante acto académico en el que se discute la tesis del "Statu Innocentiae" (Estado de Inocencia) en el que se suponía habían sido creados los aborígenes americanos, estos lugares de ingerencia jesuítica se ofrecen al Infante Luis, Príncipe de Asturias e hijo del Rey Felipe V, quien, con sus atributos reales, corona, cetro y capa de armiño, está sedente en grandioso trono; le rodean imágenes alegóricas. Debieron existir varias copias de este grabado, una ha sido ubicada en la Biblioteca del Colegio del Salvador de Buenos Aires  (Navarro: 1991: fig. 49, p. 116)

En 1726 firmó una petición de los barrios de Quito y en 1733 aparece renovando la pintura del coro y las celdas altas de San Francisco, habían transcurrido 38 años desde que hizo bautizar a su primogénito y debía tener tal vez 68 años. Se desconoce la fecha de su fallecimiento.
(Vargas: 1972: 142-146; 328 / Navarro: 1991: 99-106 / López de Vallarino: 1950: 52-63)