Música Popular e Identidad Ecuatoriana

La música popular está estrechamente ligada a la construcción social e imaginaria de la nación, así como a la construcción identitaria de distintos grupos sociales, étnicos y generacionales. Generalmente, las naciones y estados recurren a las fuentes populares y folklóricas para construir los símbolos musicales de la identidad nacional. Ecuador no es la excepción. Desde principios del siglo XX se conoce como “música nacional” a la música que representa la identidad y el sentimiento del pueblo ecuatoriano.

Aunque Ecuador obtuvo su independencia política en 1822, sus expresiones artísticas y musicales continuaron bajo la influencia cultural de España a lo largo del siglo XIX. En los umbrales del siglo XX, y como consecuencia de las transformaciones políticas y socio-económicas que trajo la Revolución Liberal de 1895, surgen nuevos símbolos musicales que reflejan y representan el nuevo orden político y económico en Ecuador.

Las clases dominantes de principios del siglo XX construyeron la identidad nacional ecuatoriana en base a la ideología de la “nación mestiza”. Esta ideología reconoce el mestizaje biológico y cultural de la población ecuatoriana, mestizaje formado principalmente por la mezcla de españoles e indígenas. En esta concepción de “nación mestiza” se marginaba la raíz afro-ecuatoriana. Musicalmente, esta ideología se manifiesta en géneros y ritmos mestizos que combinan elementos del  sistema musical europeo e indígena.

Mientras géneros de la música mestiza, como el albazo, el  aire típico, la tonada, el sanjuanito, el pasacalle y el pasillo, son identificados como la “música nacional” por excelencia, la música indígena y afro-ecuatoriana se consideran expresiones regionales asociadas con grupos étnicos específicos. En la música académica, las primeras generaciones de compositores académicos utilizaron los géneros mestizos para la construcción de un “nacionalismo musical” que represente la “esencia” y el “espíritu” del pueblo ecuatoriano.

A principios del siglo XX, un significativo número de inmigrantes de Europa y Asia llegaron a Ecuador, diversificando de esta manera el componente étnico de la población ecuatoriana. A pesar de que los inmigrantes internacionales (españoles, italianos, libaneses, alemanes, chinos, etc.) han ejercido  una gran influencia en el desarrollo económico y en la vida política del país, sus expresiones musicales han tenido escasa influencia en el desarrollo de la música popular ecuatoriana. Más influyente ha sido la migración de indios y mestizos a los centros urbanos, especialmente desde la década de 1960. Gradualmente, la música popular urbana va adquiriendo rasgos musicales indígenas, que se manifiestan en la base pentafónica de las melodías, en la instrumentación, en los tempos lentos, y en los timbres de las voces.

Los procesos de urbanización, dolarización y las olas migratorias nacionales e internacionales han traído como consecuencia el desarrollo de estilos musicales asociados con los gustos de las clases populares, como son la música rocolera, la tecnocumbia, y una categoría conocida actualmente como “nacional bailable”, peyorativamente llamada “música chicha”. Buscando mejores condiciones de vida, un gran número de ecuatorianos y ecuatorianas de los estratos populares han emigrado a Estados Unidos, España, Italia, Chile y Canada a fines del siglo XX. La nostalgia por la madre patria ha tenido un fuerte impacto en la comercialización y difusión de la música popular ecuatoriana, tanto dentro como fuera del país. Artistas ecuatorianos cantan para las colonias ecuatorianas residentes en el extranjero y las grabaciones de música ecuatoriana tienen una gran demanda por parte de los migrantes. También se organizan conciertos en las principales ciudades de Ecuador, donde se escuchan canciones cuyos textos narran las experiencias que viven tanto las personas que emigran, como las que se quedan en el país.

Si bien la música nacional tuvo su “época de oro” en la primera mitad del siglo XX, su nivel de difusión disminuyó significativamente a partir de la década de 1970 debido a la presencia de corrientes musicales extranjeras – como el rock, la música tropical y las baladas románticas –, y a la falta de apoyo y protección a la música y al artista nacional por parte del gobierno. Actualmente existen políticas de protección que exigen cierto número de horas semanales para la difusión de la música nacional en las estaciones de radio y televisión. Para defender los derechos de autor y los derechos de los músicos se crearon instituciones como la Sociedad de Autores y Compositores Ecuatorianos (SAYCE), fundada en 1973; la Federación Nacional de Artistas Profesionales del Ecuador (FENARPE), creada en 1979; y asociaciones de artistas en las principales provincias el país.

A través de sus Departamentos Culturales en Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja, El Banco Central del Ecuador ha contribuido a rescatar, preservar y difundir el acervo musical ecuatoriano, tanto a nivel documental como sonoro. Cabe destacar su labor de promoción y difusión musical a través de los conciertos presentados en la plataforma del Museo de Arqueología y Artes Contemporáneo (MAAC) de Guayaquil, situado en el Malecón 2000, que dan un espacio público a los músicos ecuatorianos y gozan de gran poder de convocatoria.

La contribución de Ecuador al desarrollo de la música popular internacional se ha limitado a sus propias fronteras. A pesar de que el “pasillo” ha sido el único género musical ecuatoriano cuyas grabaciones han tenido venta y difusión internacional (principalmente por los sellos discográficos “Columbia” y “Victor” a principios del siglo XX, y por Julio Jaramillo en las décadas de 1960-1970), su influencia en la música popular internacional ha sido mínima. Más que ejercer una influencia, Ecuador ha sido receptor de tendencias musicales internacionales (rock, boleros, música tropical), los cuales han sido adoptados y adaptados para el consumo local de manera innovadora.